El primer recuerdo de mi infancia, es la cara bonachona de mi señor Tío, sonriéndome. Supongo que fue cuando me recogió después del desastre de Gnomeregan. También recuerdo su olor, penetrante y almizclero, que yo pensaba que era algo normal de adultos, y que con el paso de los años me dí cuenta que no era mas que la proverbial falta de higiene personal que tan a gala llevan los enanos.
Brokenl Tornobronce, mi señor Tío, era viudo de la hermana de mi madre, toda una gnoma, de la que se enamoró cuando terminaba sus estudios de ingeniería en nuestra ciudad. No se contarles con mas detalles, pues mi tío nunca se ha referido a eso, y yo no me he atrevido nunca a preguntarle, solo se que mis padres y mi tía murieron durante la invasión de los Troggs de Gnomeregan y que el me recogió y cuidó.
Pasé mi infancia a caballo entre Forjaz y Theramor, pues en esa época, mi señor Tío estableció una prospera industria, dedicada a proveer a los ejercitos de la alianza de toda clase de inventos y cachivaches, que le reporto grandes ganancias, estatus y reconocimiento dentro del reino, llamando el Rey a mi Tío a su servicio en varias ocasiones, hasta que este consiguió un importante cargo de intendente.
Al cabo de unos años, creo que yo andaría por los 15 inviernos, las obligaciones de mi tío, para con el rey de Forjaz, nuestro señor Barbabronce, que la luz le guié y la barba nunca se le caiga, le obligaban a viajar por todo el continente, por lo que me dejo al cuidado de las sacerdotisas de la catedral de Ventormenta, con el encargo de instruirme en una de ellas y forjarme un futuro dentro de la orden. Mas no tarde en escabullirme por las noches fuera de la catedral, por más que la madre superiora, Sor Torola,una dranei estricta a la que no era conveniente hacer enfadar, me colgara de las orejas si me descubría. Me encantaba escabullirme al barrio del comercio, ver los puestos de comidas y bebidas, la permanente agitación de la casa de subastas, los duelos a la entrada de la ciudad. Descubrí también las infectas calles del casco antiguo, donde hice amistad con un enano borrachín y pendenciero, al que llamaban Aplastatrol, y de un afeminado elfo de las islas del sur, llamado Zelior, que me descubrieron los placeres del vino y la cerveza, y con los que estuve en no pocas correrías y pendencias.También en secreto, comencé los estudios de ingeniería, pues las dichosas monjas pretendían que fuera una mas de ellas, pero a mi me atraía mas provocar explosiones, y no el curar a la gente a consecuencia de esas explosiones.
Una de esas noches, coincidí con Almas, un gnomo canijo y taimado a que conocí una tarde mientras este huía de los guardias de la ciudad después de haber robado a uno de los emisarios de Darnasus,y que se ganaba la vida engatusando a los forasteros con burdos trucos de magia para robarles el oro de sus bolsas. Me llevó a un tugurio del barrio de los magos, un sitio oscuro y sórdido llamado "El Cerdo Degollado", donde no tardamos en comprobar el efecto de la cerveza de los enanos, que tan buena estaba, y que nos dejó sumidos en una complacencia estúpida por la ke nos reíamos de todo. Del sótano subían unos ruidos estraños, susurros incomprensibles para mi. Como dice el refrán gnomo " si no has muerto electrocutado, es que aún no has probado todo" decidí dejar a Almas, que en aquellos momentos dormía el sueño de Baco plácidamente con la cara apoyada en la pared, la boca entreabierta mientras lanzaba sonoros ronkidos y un hilo de baba le caía de la comisura de los labios, y bajé las escaleras, oscuras, estrechas y hediondas. Podía mas mi curiosidad que el miedo que me atenazaba...
Continuará.